Sirvámosle en Obediencia

2 Samuel 6:6-7

En los últimos dos mensajes hemos considerado nuestra necesidad de caminar con Dios en continua obediencia a fin de darle honor a El y permitirnos experimentar lo mejor de El. El plan de Dios es que aprendamos a vivir en Su presencia y seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29). Esto significa que debemos escuchar con mucho interés la dirección de Dios y seguirlo hacia donde el nos lleve, no solo caminar ciegamente por lo que parece ser Su camino.

David fue coronado rey de Judá luego después que Saúl murió cerca del año 1010 AC. Unos siete años más tarde, todo Israel reconocía a David como su nuevo rey. Una de las primeras acciones de David como rey fue intentar mover el Arca de Dios de la casa de Abinadab a Jerusalén. David y todos los oficiales creyeron que dando al Arca un enfoque más central en la nación, Dios bendeciría a Israel.

Este fue un tiempo muy emocionante. El Arca estaba siendo transportada por un carruaje nuevo halado por bueyes, y más de treinta mil personas “danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos” (2 Samuel 6:5). Pero aún durante este tiempo de gran emoción, Dios claramente demostró la necesidad de obediencia.

2 Samuel 6:6-7
“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.”

Las intenciones de Uza eran buenas, pero Dios consideraba sus acciones “irreverentes.” Uza deseaba servir a Dios guardando el Arca de caer al piso, pero sus entusiastas y bien intencionadas acciones no eran dirigidas por Dios. De hecho, las acciones de Uza estaban en conflicto directo con la Palabra de Dios.

Durante el tiempo de Moisés, Dios dio instrucciones que el Arca debía ser movida con varas (Éxodo 25:14-15) y que cualquiera que tocara el Arca debía morir (Numero 4:15). Uza servia donde pensaba que había una necesidad, pero servia a costo de una verdadera obediencia.

Debemos aprender una gran sensibilidad al liderazgo de Dios. Aparentemente una acción guiada por Dios, si es hecha fuera de la voluntad de Dios, es pecado. Nunca debemos asumir que lo que “se ve” bien y parece de Dios, es verdaderamente de Dios. Nuestro Padre Celestial siempre será fiel para guiarnos a Su perfecta voluntad. Pero nosotros debemos estar dispuestos a invertir tiempo (a menudo, mucho tiempo!) adorándole a Sus pies, en comunión con El en oración, y esperando pacientemente su dirección. Si servimos al Señor hagámoslo con gran entusiasmo; pero siempre permitámosle guiarnos y sirvámosle en obediencia.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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