Entrar al Campo de La Misión

Hechos 1:8

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Los apóstoles fueron instruidos por el mejor Maestro que el mundo jamás ha conocido y además testificaron de los milagros de la vida de Jesús así como su muerte y resurrección. Pasaron cuarenta días desde que Jesús caminó victorioso fuera de la tumba y regresaba victorioso a los brazos amorosos de Su Padre, pero primero, Jesús visitó a sus amigos por última vez y les dio un encargo que duraría por el resto de sus vidas.

Hechos 1:8
“Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”

La muerte de Jesús dio inicio al nuevo pacto entre Dios y el hombre; “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lucas 22:20), y en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo se puso a disposición como un sello para todos los que creyeran y entraran en esta relación del nuevo pacto. Las instrucciones finales de Jesús a los apóstoles fueron llevar este mensaje de esperanza al campo de misión.

Jesús definió el campo de misión como “hasta lo último de la tierra,” significando la extensión del mundo conocido (tan lejos como alguien pudiera viajar), pero El también dijo “testificad en toda Judea y Samaria” (las áreas o países vecinos), y “en Jerusalén” (la ciudad en donde el vivía). Jesús decía: dondequiera que vallas – cerca o lejos – sean mis testigos y decididamente proclamen las buenas nuevas; “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto” (2 Corintios 3:6).

Todo aquel que verdaderamente profesa a Jesús como Señor y Salvador ha sido autorizado y sellado con su Espíritu y debemos ser testigos del Evangelio; “Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros” (2 Corintios 5:20). Nuestro campo de misión no necesariamente estará en tierras lejanas, en donde la gente habla un diferente lenguaje, sino que ESTARÁ lleno de aquellos que necesitan oír, ver, saborear y sentir el mensaje de Jesús – y nuestra vida debe ser una clara demostración de ese mensaje!

Debemos orar por los misioneros en tierras lejanas. Ellos están cumpliendo un servicio vital y están en necesidad de sus oraciones y apoyo. Pero también debemos orar a Dios por TODOS los que fielmente ven por el que sufre, por el abandonado, por el que busca a aquellos con necesidad de amor y aliento, quienes ministran el amor de Jesús y proclaman su mensaje a través de todo lo que hacen – allí mismo en donde se encuentran.

“Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura” (Juan 4:35). El campo esta a nuestro alrededor: en la iglesia, en nuestro vecindario, nuestro trabajo…aún en nuestra propia familia! Aceptemos ahora el cargo de ser fieles embajadores de la fe y proclamar las buenas nuevas a donde sea que El nos lleve. Decididamente demos el paso de fe para entrar en el campo de la misión.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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