El Señor es Dios – Sigamoslo

1 Reyes 18:21

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Pronto luego de entrar en la tierra prometida de Canaán los hijos de Israel se olvidaron de Dios, y de todo lo que El había hecho, y comenzaron a adorar los falsos Dioses de Baal y a la diosa del amor, Asera. Parecía como si toda generación desde ese tiempo fue tentada a adorar a esos falsos dioses.

Unos quinientos años mas tarde, Dios levantó a Elías para ser Su vocero elegido – Su profeta. Los Israelitas aún seguían atraídos a adorar otros dioses, y llegó el tiempo de una confrontación directa entre Elías y los muchos falsos profetas de Baal: “Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal” (1 Reyes 18:19). Elías y los falsos profetas debían orar a sus respectivos dioses. El “ganador” sería determinado por la respuesta a la oración: “Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios” (1 Reyes 18:24). Pero antes de orar al Señor, Elías le dio a la gente de Israel el reto de hacer un compromiso.

1 Reyes 18:21
“¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.”

Elías oró, y Dios respondió con suficiente fuego para quitar toda duda. La gente vio claramente la mano del Señor y de buena gana hicieron Su elección: “Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: !!Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:39).

Enfrentamos el mismo reto hoy. Sin embargo, en lugar de dos o tres elecciones, ahora tenemos muchos dioses que continuamente nos atraen a adorarlos – muchos dioses que desean nuestro tiempo y energía. El mundo ofrece una larga lista de candidatos “mundanos” – televisión, dinero, poder, prestigio, sexo, drogas, comida, deportes, internet, educación…y la lista continua: “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos” (Jeremías 10:11). ¿Quien (o que) verdaderamente vale la pena en nuestra adoración?

El reto ahora es simple. Si el Señor es Dios – sigamoslo. Si hemos reconocido nuestra naturaleza pecaminosa, arrepintámonos de nuestro pecado y pidamosle a Dios que sea nuestro Salvador, debemos continuar siendo trasformados a Su semejanza – debemos seguirlo. No podemos permitir que las distracciones en nuestra vida se conviertan en nuestro dios. Debemos dedicar nuestro corazón, alma, mente y fuerza a amar a nuestro Padre Celestial y comprometernos a cualquier tarea que El nos encomiende. Nuestra elección es clara, y nuestra respuesta debe ser muy firme. El Señor es Dios – Sigamoslo.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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