Como Jesús Amó

Juan 13:4-5

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En el mensaje “Deuda de Amor” vimos que Dios nos amó mucho antes que lo conociéramos a El, y que nos amó mucho mas de lo que nos merecíamos; “cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Nuestro Padre Celestial envió a Su Hijo para morir por el perdón de nuestros pecados “para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y envió a Su Espíritu para consolarnos, guiarnos, y fortalecernos para el resto de nuestros días.

El amor de Dios creó una deuda que nunca podríamos pagar, pero es una deuda de amor que honramos, amando a otros; “No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros” (Romanos 13:8). En la manera que alcanzamos a aquellos que nos rodean, estamos realmente alcanzando y amando a nuestro Padre Celestial; “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo” (Hebreos 6:10). Sabemos que debemos amarnos los unos a los otros, ¿pero que debe ser la expresión correcta de nuestro amor?

Jesús ya ha reunido Sus discípulos para lo que iba a ser su última comida juntos. Mientras estaban comiendo en el aposento alto, Jesús “les amó hasta el fin” (Juan 13:1).

Juan 13:4-5
“así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.”

En esto, Su clara demostración de amor, el Creador del Universo se humilló a Si mismo al puesto de un sirviente común y lavó los pies de Sus discípulos. Su ejemplo de amor era completamente vacío de orgullo; no había una tarea demasiado trivial o un servicio demasiado “bajo” para Jesús. En pocos momentos después Jesús dijo a Sus discípulos; “Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34).

Jesús era capaz de amar con humildad verdadera y auto-sacrificio porque era completamente seguro en Su relación Celestial; “Sabía Jesús que había salido de Dios y a él volvía” (Juan 13:3). Jesús sabía quien era y a donde iba; Su auto-estima era independiente de la retroalimentación que recibía del mundo – independiente de cualquier agradecimiento que le podían devolver. ¡Jesús era enviado para amar, y entonces El amó!

Somos ahora enviados a amar con este mismo corazón de sirviente – un corazón que sencillamente considera las necesidades de otros y después extiende la mano para “Cuida(r) de mis ovejas” (Juan 21:16). Aseguremos nuestra relación Celestial a través de fe en el sacrificio de Jesús y después vivir cada día con un corazón humilde que solo permite la seguridad de El. Amémosle a Nuestro Padre Celestial mientras alcanzamos al mundo y amamos como Jesús amó.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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