Un Enemigo Vencido

Josué 2:11

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Mientras estudiamos la palabra de Dios, deberíamos recordar lo afortunados que somos de tener tantas historias y testimonios sobre los cuales construir nuestra fe. Esto es particularmente cierto de la multitud de historias del Antiguo Testamento; “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Una de las mas entusiastas es compartida a través de la prostituta llamada Raab.

Mientras Josué conducía a los Israelitas fuera del desierto hacia la tierra prometida de Canaán, el primer enemigo que enfrentaron vivía en la poderosamente amurallada ciudad de Jericó. Cuando los espías fueron enviados a Jericó para determinar la fuerza del enemigo, Raab les dijo a los espías que “el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros” (Josué 2:9). Raab les dijo que la gente de Jericó había escuchado como Dios partió el Mar Rojo y como El había estado con los Israelitas en anteriores batallas.

Josué 2:11
“Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.”

Dios derribó los muros de Jericó y permitió a los Israelitas tomar la ciudad, pero el primer enemigo en la tierra prometida fue conquistado mucho antes que el ejercito israelita arribara. El pueblo de Jericó sabía del poder milagroso de Dios y con eso ya estaban vencidos. La única cosa necesaria para la victoria fue que los Israelitas mostraran su voluntad para caminar en la fuerza que Dios había provisto para ellos.

El deseo de Dios no es que nosotros nos mantengamos en el desierto. El tiene “planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Pero a fin de entrar en la tierra prometida, debemos estar preparados para enfrentar a nuestros enemigos y confiar en las fuerzas de nuestro Padre Celestial.

El enemigo “como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Pero el enemigo también sabe del poder de Dios, y va a huir cuando nosotros nos paramos firmes; “resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). El destino del enemigo ha sido sellado – su fin ya ha sido determinado – pero debemos resistir diariamente, vistiendonos para la batalla y confiando en el poder de Dios.

Sometámonos a nuestro Padre Celestial y decididamente entremos en la tierra llena de paz que El nos ha prometido. El león continuará rugiendo y tratando de morder, pero nunca debemos olvidar que Dios ha asegurado completa victoria. Cuando confiamos en El con todo nuestro corazón y diariamente caminamos en Sus fuerzas, verdaderamente nos enfrentamos a un enemigo vencido.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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