Dentro De La Tormenta

Mateo 14:33

Into_The_Storm

Inmediatamente después de alimentar a cinco mil hombres, y a sus mujeres e hijos, con cinco panes y dos peces, “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera” (Mateo 14:22). Los discípulos comenzaron a cruzar el Mar de Galilea cuando se levantó una tormenta que los obligó a “remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario” (Marcos 6:48). Era media noche y después de remar cerca de tres millas y media se encontraron luchando contra el viento y las olas.

¿Porque sucedió esto? Los discípulos hicieron exactamente lo que Jesús le dijo que hicieran y ahora estaban enfrentando una gran dificultad. Ellos claramente escucharon y obedecieron; pero aún estaban confrontando una situación muy difícil. La historia continua mientras Jesús caminó en el agua, llamó a Pedro a salir de la barca y unirse a El, y luego milagrosamente se calmó la tormenta. Pero, ¿no podía ser evitadas estas dificultades tan solo diciendo a los discípulos que esperaran hasta la mañana siguiente para viajar?

Esta no era la primera vez que los discípulos enfrentaban una tormenta con Jesús. Durante un viaje anterior en bote, Jesús estaba dormido cuando la tormenta se levantó: “Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: !!Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mateo 8:25). Cuando Jesús calmó el viento y las olas en esta primera tormenta, los discípulos se preguntaron entre ellos? “¿Qué hombre es éste?” (Mateo 8:27). Durante la primera crisis, los discípulos vieron a Jesús como un hombre maravilloso. Pero ahora, en medio de la noche, cuando Jesús nuevamente calmó la tormenta, los discípulos comenzaron a comprender.

Mateo 14:33
“Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.”

Así como fue este caso con los discípulos, Jesús a menudo nos manda a tormentas por el propósito de revelarse a Si Mismo y acercarnos más cerca de Su lado. Porque es en las tormentas donde vemos el amor de Dios y Su habilidad de protegernos, fortalecernos, y guiarnos. “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

Nuestro Padre nos ama mucho. El nos ama suficiente como para darnos a Su Hijo como sacrificio por nuestros pecados; suficiente para darnos Su Espíritu como guía; suficiente para nunca abandonarnos, y suficiente para terminar la obra que El ha comenzado en nuestras vidas. Recibamos Su amor y aprendamos a regocijarnos en TODAS las cosas. Aprendamos a ver con nuevos ojos y ver Su mano trabajando alrededor de nosotros todos y cada día. Alabemosle a El y busquemos las nuevas revelaciones de Su amor, aún cuando seamos enviados dentro de la tormenta.

Tenga un Dia Centrado en Cristo!

Steve Troxel
Ministerios La Palabra Diaria de Dios

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